
El camino Se hace camino al andar: mi historia de sanación y cómo encontré mi propósito de vida
Se hace camino al andar
Todo comienza con unas ganas de ser mejor, todo comienza con un impulso que
va más allá del deber ser. Dentro de mí sentía las ganas de ser mejor; lo que sí
tenía claro era que ya no quería tener la rabia que sentía hacia mis padres.
En mi mundo desmoronado, nunca tuve clara la ecuación: mamá, papá, hijos…
porque a mí me criaron mis abuelos, y no entendía cómo volver a mis padres
porque la rebeldía era lo que tenía como mesa servida, siempre ir en contra,
hacerlo distinto, jamás darle la razón a nadie y así fui escondiéndome en una
personalidad que iba en contra de todo.
Un día, sin pensarlo nos mudamos de ciudad cerca de mi madre y al cabo de unos
meses mi abuela ya tenía la elección de muerte en su vida, y ahí el mundo se me
cayó a pedazos, cuando también mi hermana fue diagnosticada con epilepsia y mi
mamá llevada a trabajar en otro lugar. Me tocó quedarme con mi hermano
pequeño.
No son de esas cosas que tú eliges sino que te eligen, y así fue mi ego creciendo
porque era quien tenía el control de todo el hogar. Preguntas sin respuestas pero
si tuve que comprender la muerte, porque era lo más cercano que ocurriría.
Así fue que me convertí en una buscadora, empecé con los libros que tomábamos
prestados en una tienda esotérica donde trabajaba mi hermana. Ella los llevaba y
yo los leía en las noches para devolverlos al día siguiente y así fui entrando a un
mundo amplio y construí mi propia versión de Dios.
Una mujer que me leyó el tarot dijo que eso que tenía se quitaba con algo que se
llamaba constelaciones familiares, y yo no entendí nada. Ese día hasta un libro
tuve en mis manos que se quedó guardado en mi mesa de noche 10 años.
Cuando leí el libro, lo primero que tuve que integrar fue el lugar de mis padres. Yo
tenía mucha culpa por la lealtad hacia mis abuelos: a ellos los veía como mis
padres y a mis padres, como a mis hermanos, un desorden total que me hacía
gritar y echar en cara a mis padres que no habían hecho nada por mí. Un reclamo
desgastante que hacía que mi vida estuviera todo en contra y con lucha.
¿Y saben qué? Me cansé, nada me salía bien, a pesar de estar casada y ya con
una hija en brazos, no estaba feliz, mi rabia continuaba, estaba perdida y
confundida.
En apariencia todo estaba bien, y en general, yo no tenía nada pero lo sentía en
mí, así que me propuse a buscar, buscar, buscar…terapias van y vienen, cursos,
talleres, idas al Putumayo a tomar yage. Así me fui a México y cuando vi a
Hellinger no podía dejar de llorar de agradecimiento. Mi alegría era muy grande,
aplaudí sin parar con la misma intensidad de llorar.
A ciegas, porque no tenia un motivo, solo decía quiero estar aquí. No tenía una
razón, pero estar allí me calmaba el corazón y me hacía feliz. Así fui perfilando
otra personalidad sin rabia pero con ganas de salvarlos a todos y así fui llevando a
todos a mi manera de vivir. Los obligué de alguna manera, a mi manera, porque
según yo era mejor.
La vida siempre se encarga de ordenarte y entonces hace que todo se rompa para
que vuelva a encausarse el orden y esto no quiere decir que no duela, porque
también amo tener el control.
Pero como digo, la vida se encarga y ha sido maravilloso ver que siempre he ido a
ciegas buscando más sin saber, hace años deje mi profesión –abogada- y me
dedico a hacer terapias y siempre digo yo vivo la vida que no soñé.
Entonces, esta confesión te la dejo por si sientes que nada tiene sentido, que
sabes que vas y no encuentras nada, que nadas y no consigues orilla. Lo único
que te digo es no pares porque lo que hagas por ti es acumulativo, no tiene un
objetivo y el día menos pensado estás allí contigo agradeciendo una vida bella y
soñada.
Debo contarte que no habrán aplausos ni medallas cuando te gradúes, porque
jamás te gradúas, siempre estás mejorándote. Consíguete. Para eso empieza
porque te cuento que nada es casual, nada ocurre porque sí, todo tiene un para
qué, eso que no sabes, eso que te deja en el vacío es el mejor momento: está
atento a las señales: un libro, una frase, una terapia, un reels, un video de
TikTok… El universo te está hablando, cuando no sepas qué hacer solo observa
que ahí aparecerá.
Ten fe en ti, tienes todo lo necesario para construir tu mejor versión. La vida
siempre va a mejor y lo que se rompe se va a reparar para hacerte las bases más
fuertes.
¿Te acuerdas del cuento de los tres cochinitos? En el cuento la casa representa la
mente (consciencia), al principio nuestra casa es débil, de paja, y el lobo (todas las
situaciones que nos pasan) intenta derribar y, así construimos una más fuerte pero
igual, el lobo la derrumba, hasta que por fin las bases son sólidas y el material es
fuerte. El lobo vendrá, porque siempre habrá cosas externas que intentan hacerte
dudar o confundirte pero tú estás claro de ti y de lo que quieres, entonces ya nada
te derrumba sino que ahora estarás encargado de embellecer tu casa interna,
adornarte de ti y poner en práctica la divinidad a través de tu vida.
Te regalo mi confesión para que sepas que si vas a salir y que todo estará bien,
confía en tu proceso y que la paz sea tu guía.
